Pie de página

UNAM: casi un siglo de actividad editorial y difusión del conocimiento y la cultura

A principios de los años veintes del siglo pasado, cuando José Vasconcelos impulsó su proyecto educativo en México, primero como rector de la Universidad Nacional y luego como secretario de Educación Pública, se instauró la actividad editorial en nuestra Máxima Casa de Estudios, que durante esos años se apoyó en empresas editoriales de la iniciativa privada, como la del cubano afincado en México Andrés Botas. Fue a partir de la década siguiente, a mediados de los años treintas, cuando se instauró la Imprenta Universitaria, la cual fue conformando colecciones que correspondían a las escuelas y facultades, y, posteriormente, a los institutos de investigación.

Con el transcurso de los años, la necesidad de publicar la creciente cantidad de obras que creaban los profesores e investigadores de esta universidad, fue menester crear la Dirección General de Publicaciones. Sin embargo, ante la exigencia de asumir la edición, producción, distribución y venta de todos los títulos que generaba la comunidad académica de la Universidad, dicha dirección fue acumulando un rezago en cada uno de tales aspectos, pues carecía de la cantidad y cualificación del personal idóneo.

A finales de los años ochentas, se desconcentró la producción editorial en la unam, dejando que cada escuela, facultad, instituto o centro se encargara de la edición de sus publicaciones e instaurara un departamento o coordinación específica para ello. A la vez, la Dirección General de Publicaciones se transformó en una instancia abocada a la promoción, distribución y venta de las publicaciones de la unam, y a ello se debe que, al nombre de
la dirección, se le añadió la frase “y Fomento Editorial”, que forma parte de su denominación actual.

Hoy día, dicha Dirección debe distribuir las publicaciones que se producen en las más de cien instancias editoras con que cuenta la Universidad, y para hacerlo con eficiencia, es menester redefinir las estrategias y acciones que se habían aplicado antes, y, valiéndose de las actuales tecnologías y posibilidades, aspirar, también, a que el fondo editorial de la unam esté presente en muchos otros países, al alcance de muchos más lectores.

 

Esta columna apareció en