Hipertexto

Camilo Ayala Ochoa

Camilo Ayala
Historiador, editor y escritor.
Fundador del Banco de Información de Historia Contemporánea del Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
Para encontrar la magia

La importancia de la edición de libros infantiles es que está en la primera línea de batalla en la estrategia de formación de lectores. La responsabilidad es mucha.

En México, la mayor parte de los lectores de edad madura fueron formados por textos con pocos gráficos aunque existió una cultura de monitos del domingo, historietas y fotonovelas. Mi bagaje lector tuvo que pasar inicialmente por Malory, Kipling, Salgari, Stevenson, Wells, Papini, Dumas, Chesterton y Pío Baroja, pero recuerdo con nostalgia los pocos títulos de La Ballena Alegre de editorial Doncel que tenían dibujos, entre ellos Marcelino Pan y Vino de José María Sánchez Silva y Un muchacho sefardí de Carmen Pérez Avello. También el Quijote de la colección Austral de Espasa Calpe con ilustraciones de Gustave Doré.

Tenemos ahora títulos donde el discurso gráfico complementa el texto o incluso lleva una narrativa paralela. Y cuando observamos esos libros de editoriales como A fin de Cuentos, Libre Albedrío, Coco Books, Kalandraka, Andana, queremos volver a la infancia. Muchos de esos libros son del gusto de los papás, más que de los infantes.

Los niños y jóvenes lectores cuentan hoy por hoy con la Feria del Libro Infantil y Juvenil, actualmente tan llena de actividades, con espacios especiales en librerías y librerías especializadas, como nos dice Ixchel Delgado, con fértiles catálogos, y una nueva ecología mediática que propicia el multialfabetismo. Esto nos llena de esperanza, pero también de preocupación porque los índices de lectura prácticamente no han cambiado. 

Ya Emilia Ferreiro ha señalado en varias ocasiones el fracaso en la formación de lectores plenos, no descifradores, que representa la escolaridad, por más que se haya hecho obligatoria y alargado cada vez más.