Cultura manuscrita: el copista

Leonardo Funes

Desde el siglo V hasta la invención de Gutenberg con la imprenta en 1440, la forma común de reproducir el conocimiento escrito, era a través del trabajo del copista. Desde el Antiguo Egipto existían los ya conocidos escribas, quienes eran considerados valiosos y pertenecían a Jerarquías altas por su complejo conocimiento jeroglífico. Conforme el tiempo se crean los centros monásticos, espacios de salvaguarda y reproducción del libro, lugares de puertas cerradas, ocultos y misteriosos donde solo el clero tenía acceso. En la Edad Media, el trabajo realizado por los copistas era producido a mano, en espacios de poca iluminación y en muchas ocasiones en cautiverio. La calidad de cada “Libro” dependía de las habilidades del copista y el tiempo de trabajo era definido por el tamaño del Manuscrito, así como la cantidad de personas que trabajaban en él y en su caso, la calidad de las ilustraciones.