La puesta en página

Alejandro Tapia Mendoza

Alejandro Tapia
Licenciado en Ciencias de la Comunicación, Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas, Maestro en Gestión de Diseño, profesor, investigador y autor de textos académicos.
Profesor-investigador del Departamento de Teoría y Análisis de la División de Ciencias y Artes para el Diseño de la UAM-X.
El azar y la persistencia, fuerzas que dan lugar a editores: La trayectoria de Matilde Schoenfeld.

Una de las cosas que nos preguntamos todos cuando nos acercamos a la industria editorial es ¿quién forma a los editores? ¿cómo surgen estos? Quizá estamos habituados a que las profesiones tienen siempre una carrera académica detrás, o que los oficios se aprenden cuando existe una persistente relación maestro-alumno, y por ahí van las cosas. Pero los editores parecen siempre tener una trayectoria azarosa, llegan a ello por que comienzan en una profesión aledaña, o se interesan por escribir, o conocen un campo y se dan cuenta de la necesidad de difundirlo, encontrándose con que la escritura y la lectura son dos vehículos necesarios para ello y que eso implica un proceso, y entonces se desarrollan como personas que gestionan y hacen posibles las publicaciones que los demás necesitamos. 

Matilde Schoenfeld, editora que ha desarrollado su actividad en diferentes campos, es uno de esos casos. Como en muchas otras trayectorias análogas, el azar se ha conjugado con su persistencia para dar lugar a una agente profesional en este campo. Recordemos que además de los autores, los ilustradores, los correctores o los impresores, alguien tiene que inteligir qué se publica y cómo, en qué colección, para que público, y cuál es la mejor forma de hacerlo. También cómo se financia ese proyecto y cómo se vuelve viable. La forma de resolver esa ecuación, que es lo que da cuerpo a la figura del editor, no es menor: es una labor tan intelectual como técnica ya que de su habilidad depende nuestro encuentro con los materiales escritos que nos resultan significativos, y para que estos sean hallados además en las situaciones propicias. 

Matilde nos recuerda además un aspecto singular de esta labor: en la actividad de editar no se renuncia a la escritura, sino que se co-participa en ella junto con los autores, ya que el editor tiene que dialogar y discutir con quienes escriben para saber cuál será la solución más propicia para que el autor pueda ser nítido ante su lector. No es que usurpe la índole de los contenidos, algo que normalmente consideramos patrimonio exclusivo de un agente desde la entronización de la noción de autor, sino que la escritura es un insumo que requiere de un trabajo arduo para llegar a una publicación; algo más que sólo la corrección de estilo: es la puesta en secuencia de ese autor con una línea editorial que se evalúa, se sostiene, se hace crecer y se vuelve columna vertebral de un campo. 

Nuestra entrevistada de hoy nos dará un buen panorama de lo que eso implica, así como algunas reflexiones que se suscitan después de tener varios años en esa labor. Matilde ha hecho también sus propios libros, así como también ha trabajado en el complejo mundo de la traducción, pero su labor principal es como editora, algo que hace además con un enorme entusiasmo pues implica estar siempre involucrada, desde dentro, con los contenidos que luego los lectores disfrutarán al pasar cada página.

 

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